La carta de Nuria

NURIA

Esta enfermedad es como una semilla que has plantado sin querer, y que riegas día a día de forma inconsciente, hasta que crece y te desgarra por dentro con las ramas.

Sinceramente, si tengo que empezar desde el principio, confieso que no lo recuerdo. No lo recuerdo porque me queda lejos, y porque me da miedo recordarlo. Fue todo muy de repente, muy irreal. Fue como una semilla que has plantado sin querer, y que riegas día a día de forma inconsciente, hasta que crece y te desgarra por dentro con las ramas.

 

Yo sabía que estaba enferma, pero no quería admitirlo. Eso es de lo que se trata, que ves el problema, pero finges estar ciega y sigues estampándote con ello. Primero empezó con un “soy fea, quiero adelgazar”, algo inocente, que por desgracia muchas chicas piensan también. Pero de ahí, comenzó el prohibir cosas tan normales como beber agua o sentarme a descansar. Un miedo irracional a la comida comenzó a crecer, hasta tal punto que simplemente me alimentaba de verdura seca y lonchas de pavo. Todos menos yo veían el problema, y nadie excepto yo, lo veía normal. Pero para mí era más importante pesar menos de 45 kilos que poder dedicarme a lo que quería. La enfermedad había comenzado a ser lo único que me importaba. Dejé de lado todos mis hobbies, todo lo que me importaba, para sustituirlo por “¿cuántas calorías tiene un aguacate?”.

 

Con el tiempo no podía negar que algo me pasaba ante la desaparición de la menstruación o ante los ataques de ansiedad, y mi madre decidió remover cielo y tierra para encontrar una solución. Cuando me vi frente a un psicólogo, me di cuenta de que la realidad era aquella: había un problema, lo sabía, y era hora de admitirlo. Llevaba muchos años pensando que necesitaba ayuda, haciendo test por internet para ver si me pasaba algo, pero ahora me ofrecían lo que necesitaba, cerraba los ojos al mundo. En ese momento recuerdo que odié a mi madre todo lo que pude y más. Pasaba los días llorando por cualquier cosa, y gritando “te odio” a toda mi familia. Ahora sé que no hay cosa que agradezca más que tener a mi madre. Fue la que aguantó todas mis tonterías, la que se hizo fuerte por mí, la que me escuchó y me hizo razonar, la que se secó las lágrimas, me miró y me dijo: te quiero, y voy a hacer lo que sea necesario para que sigas a mi lado.

 

Como ya he dicho, yo rechazaba la ayuda en un principio, pero cuando me pusieron delante la realidad (depresión y anorexia), el mundo pareció tener sentido para mí. Por fin le daba nombre a lo que pasaba, no mediante cuestionarios online, sino mediante una fuente fiable y profesional. Desde entonces, el centro CREA comenzó a hacer todo lo que estuvo en su mano para ayudarme, tanto en terapia individual como en el centro de día. Todavía recuerdo mi primer e incómodo día allí, donde todas las terapeutas me trataron como a una más y tuvieron paciencia conmigo.

 

Sin su ayuda, yo no estaría aquí escribiendo esto. Tal vez estaría escribiendo una carta mucho más dolorosa que esta, o ni siquiera estaría escribiendo. Desde el principio fue muy duro el aceptar todas las pautas y el afrontar mis miedos, pero todo el equipo, incluso el contable, me han ayudado a sonreír y luchar por mi vida. Y es que, no se me ocurre nada malo que decir. Obviamente ciertos métodos nos resultan duros e injustos a las pacientes, pero sé que, en el fondo, es algo que hacen por nuestro bien y no solo por fastidiar.

 

Dicho esto, solo me queda agradecer a todo el centro CREA por darme de vuelta mi vida, por hacerme mejor persona y por abrirme los ojos a un mundo mejor. Soy una persona tímida, y sé que no a todo el mundo que lea esto le interesa, pero de verdad que quiero aprovechar para agradecer a todo el mundo detrás de CREA su trabajo, dedicación y cariño que tanto me ha aportado, pues casi me sentía como si perteneciera a una familia. Sobre todo a cierta persona que poco a poco y con paciencia me está ayudando no solo a recuperarme, sino también a descubrirme y a aceptar cómo soy. Ya veis lo mucho que se puede querer al que, en un principio, era tu enemigo.

 

No quiero explayarme más, pero si quiero que todo aquel que esté leyendo esto y que lo esté pasando mal (ya sea con un TCA, con ansiedad o un simple mal día), que se llega. Se llega al final de todo esto, y se puede encontrar el equilibrio y la felicidad. Por favor, no tengáis miedo de pedir ayuda, porque todo el mundo la merece y todo el mundo la necesita. Así que, con vergüenza o no, llamada a alguien y confesad todo lo que os pasa, pues aunque sea solo escuchando, os ayudaran más de lo que se puede imaginar.

 

Así es como pienso ahora mismo, a mitad de mi camino, viendo ya la luz asomar tras la colina. Hace unos meses apenas había empezado a caminar, ¿dónde estás tú?.

Lo primero siempre eres tú

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